Un lugar limpio y bien iluminado – Ernest Hemingway

Era tarde y todos habían salido del café con excepción de un anciano que estaba sentado a la sombra que hacían las hojas del árbol, iluminado por la luz eléctrica. De día la calle estaba polvorienta, pero por la noche el rocío asentaba el polvo y al viejo le gustaba sentarse allí, tarde, porque aunque era sordo y por la noche reinaba la quietud, él notaba la diferencia. Los dos camareros del café notaban que el anciano estaba un poco ebrio; aunque era un buen cliente sabían que si tomaba demasiado se iría sin pagar, de modo que lo vigilaban.

-La semana pasada trató de suicidarse -dijo uno de ellos.

-¿Por qué?

-Estaba desesperado. Lee el resto de esta entrada »

El mar cambia – Ernest Hemingway

-Está bien -dijo el hombre-. ¿Qué decidiste?-No -dijo la muchacha-. No puedo.

-¿Querrás decir que no quieres?

-No puedo. Eso es lo que quiero decir.

-No quieres.

-Bueno -dijo ella-. Arregla las cosas como quieras.

-No arreglo las cosas como quiero, pero, ¡por Dios que me gustaría hacerlo!

-Lo hiciste durante mucho tiempo. Lee el resto de esta entrada »

Las nieves del Kilimanjaro – Ernest Hemingway

El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve
de 5895 metros de altura, y dicen que es la
más alta de África. Su nombre es, en masai,
«Ngáje Ngái», «la Casa de Dios». Cerca de la
cima se encuentra el esqueleto seco y helado
de un leopardo, y nadie ha podido explicarse
nunca qué estaba buscando el leopardo por
aquellas alturas.

 

-Lo maravilloso es que no duele -dijo-. Así se sabe cuándo empieza.

-¿De veras?

-Absolutamente. Aunque siento mucho lo del olor. Supongo que debe molestarte.

-¡No! No digas eso, por favor.

-Míralos -dijo él-. ¿Qué será lo que los atrae? ¿Vendrán por la vista o por el olfato?

El catre donde yacía el hombre estaba situado a la sombra de una ancha mimosa. Ahora dirigía su mirada hacia el resplandor de la llanura, mientras tres de las grandes aves se agazapaban en posición obscena y otras doce atravesaban el cielo, provocando fugaces sombras al pasar.

-No se han movido de allí desde que nos quedamos sin camión -dijo-. Hoy por primera vez han bajado al suelo. He observado que al principio volaban con precaución, como temiendo que quisiera cogerlas para mi despensa. Esto es muy divertido, ya que ocurrirá todo lo contrario. Lee el resto de esta entrada »